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Yo tuve los padres más malos del mundo,
mientras que los otros niños
podían desayunar chucherias,
yo tenía que tomarme un vaso de leche.
Parecía que estaba encarcelada,
mis padres insistían en saber
dónde y con quien estaba.
Mi madre me obligaba a hacer la tarea,
leer, estudiar o cosas tan horripilantes como
hacer mi cama, asearme, ayudarle en la compra, etc..
Parecía que por las noches
ambos planearan la serie de actividades
que me pondrían al día siguiente...
insistían que no dijera malas palabras,
que saludara, que respetara a los mayores,
que fuera atenta, que hablara siempre con la verdad
y nada más que la verdad.
Cuando llegue a la adolescencia
mi vida se volvió aun más miserable,
tenia que solicitar permiso para salir con mis amigas,
dar uno y mil detalles de con quien,
cuándo y cómo seria la fiesta a la que iba a ir.
Mis amigos, no podían llegar a casa y
únicamente tocar el timbre desde la calle,
ya que tenían que ser identificados
por mis padres.
Mientras esto sucedía,
yo contemplaba fascinada,
cómo los padres de otros niños
daban permisos, concesiones y caros regalos.
Pedro tenia apenas 12 años
y ya contaba con su propia moto
para desplazarse a donde él quisiera,
Marta a los 17 ya cogía el coche de su padre
sin tener carnet,
Juan iba y venia sin avisar
y tan solo contaba con 11 años.
Realmente yo pensaba
que todos ellos eran más felices que yo,
podían disponer de su vida sin trabas ni ataduras,
no era necesario llegar a casa a comer,
ni avisar si llegarías tarde.
¿Pedro era realmente libre y feliz?....
.....pronto aprendí que eso , no era lo mejor...
ya que al poco tiempo
vi con tristeza que tantos regalos y concesiones
no eran más que formas para deshacerse de ellos,
ya que sus padres estaban muy ocupados,
haciendo dinero, socializando
o tan solo divirtiéndose
olvidando que tienen hijos
a los cuales deben educar.
A veces pienso que si Pedro
hubiera tenido unos padres tan malos como los míos,
no se hubiera estrellado y matado aquel domingo.
Marta no habría atropellado aquel niñito,
y Juan no estaría en la cárcel por robo.
El tener unos padres tan malos como los míos,
me ha obligado a ser una chica
responsable conmigo misma y
con la sociedad en la que vivo,
a tener criterio y madurez
para conducir mi vida como yo considere.
Gracias, papá y mamá,
por haberos preocupado por mi,
por enseñarme a vivir responsablemente.
Ésta os aseguro que es la mejor forma
de demostrarme el inmenso amor
que me tenéis
¡¡¡Gracias por ser los padres más malos del mundo.!!!